Concierto para piano, toses y orquesta en el Auditorio Nacional.

Lo del Auditorio Nacional de Madrid no parece tener remedio a corto plazo. No es probable un cercano deceso de los que con sus toses, gargajos, “sonamiento” de mocos y demás manifestaciones sonoras nos arruinan el sagrado disfrute de la música (y del silencio, su compañera inseparable) en cada concierto

El nivel de decibelios obtenido heroicamente por los que en los conciertos emiten sus toses, expelen gargajos, saborean sus esputos y todo tipo de manifestación de enfermedad bronquio- respiratorias NO indica, – aunque pudiera aventurarse lo contrario- que sus amables protagonistas estén viviendo sus últimos momentos en este valle de lagrimas sino tan solo una pavorosa falta de civismo y educación.

Los coros de danzas y toses que se soportan en el Auditorio son para que, como en las películas de dibujos animados, el director saque una escopeta de caza y se ponga a disparar a todo bicho viviente que pase por allí al modo instituto de Columbine

Es alzar el Director la batuta y por un reflejo pauliavno se pone a funcionar la maquina de arruinamiento de la velada a razón de 30 euros por butaca. No es solo la emisión de todo tipo de manifestaciones sonoras guturales, sino también, puertas que se cierran, programas de mano que se caen al suelo, movimientos epilépticos en las sillas, y toda una variedad de interferencias a tu disposición para irte calentito a casa.

Eso sí, ya se encargan los organizadores del concierto de acojonarte con un estruendoso “ring ring” recordatorio de que tienes que apagar los teléfonos móviles. ¿Y de las toses, que? Ni una palabra.

En el Auditorio, en los momentos de receso entre movimiento y movimiento una misteriosa fuerza se desencadena, y como si de un banderazo de formula 1 se tratara empieza una colosal competencia para ver quien tose con mas estruendo. Los simpáticos “atosafiestas” parecen que les va la vida en ello en un imperativo “tose ahora o calla para siempre”.

El estrépito tusivo guarda curiosamente una relación inversamente proporcional a la brevedad de los movimientos. Mas corto el movimiento mayor tos. Si es una obra barroca de fugaces movimientos hay mayor garantía de estrépito entre Allemande y Courante que si es un descanso entre monumentales movimientos de sinfonías brucknerianas con un mínimo de de 25 minutos cada una.

Yo lo que no se es como vienen las orquestas europeas y americanas. Al final va a tener razón la odiosa señora de Beckham al decir que “España huele a ajo”

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