111 de 1001 canciones que hay que oir antes de morir.- “Mack the knife” por Bobby Darin (1.959)

Retomemos el blog antes de que otros lo “okupen” que a D. Bakunin le veo con oscuras intenciones…

Bobby Darin, (seudónimo) 1936 – 1973, fue un cantante muy popular e ídolo de adolescentes de las décadas de 1950 y 1960.

Trabajó también como actor en varias películas, llegando a estar nominado a un Óscar en 1964, por su papel de soldado en la película Capitán Newman M.D.

El tiroriro de hoy viene de la ópera o música de Kurt Weill Three Penny Opera. La canción estuvo como número 1 cerca de 8 semanas en la lista de Billboard en el año 1959.

Junto con Beyond The sea, es sin duda la canción más importante y representativa de este pollo pera. La última canción citada no fue nº 1 pero vendió varios millones de ejemplares y gracias a ella ganó un premio Grammy en 1960. La canción “Beyond the Sea” fue cantada por el cantante inglés Robbie Williams, en los títulos de crédito de la película “Buscando a Nemo”

Hizo incursiones en la política, trabajando en 1968 para la campaña presidencial de su amigo Robert Kennedy.
En 1973 Darin murió en una operación cardiaca.

En 2004, Kevin Spacey protagonizó y dirigió Beyond The Sea una película que narra la vida de Bobby Darin. Para más información sobre la peli me remito a:
http://www.filmaffinity.com/es/film351467.html

Valoración

Aburrida que te matas, con esos chasquidos de dedo tan pesaos. La canción te suena pero hasta ahí llega su interés. Le veo a la canción gran parecido a esa que canta me parece que se llama “Gato Perez” la de “la vida te da sopresas…”. La estructura y progresión de la canción es idéntica.

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21 comentarios el “111 de 1001 canciones que hay que oir antes de morir.- “Mack the knife” por Bobby Darin (1.959)

  1. Pues sí. Ya estaba dispuesto a dar un golpe de estado y mi anterior comentario era una pequeña escaramuza para ver si usted se mojaba o no.
    ¡Hombre…! Cierto es que los pitos de dedos pueden cansar pero van de alguna manera unidos a este tipo de canciones. Es un clásico que han cantado diversos cantantes, desde Ella, pasando por Armstrong. Sinatra y Bublé, cuyas versiones me gustan más que la de Bobby (a la que daremos tres estrellas).
    Otro día réplica musiquera.

  2. A mí la canción me parece PRODIGIOSA. Desde luego ha estado siempre en mi lista de, digamos, “cincuenta favoritas” para la isla desierta. Ahora bien, no creo haber escuchado nunca precisamente esta versión, que se me hace muy “blandita”. Nada que hacer frente a la monumental de Sinatra, que la clava. ¿Quién mejor que un bandido como él para cantar a otro bandido?

    Y, en efecto, siempre he pensado como ud. que la de Gato Pérez se parece un huevo, aunque me gusta lo mismo.

    Cinco cefeidas variables para la canción.

  3. Perdonen uds. pero, en mi precipitación e inducido a confusión por el comentario de D. Álvaro, no les he puesto la versión que siempre he oído y me gusta más, que es la de Rubén Blades. Ahí se la dejo:

  4. Bueno. el “anonimo” de los tres comentarios anteriores ya saben quién es (soy). Mientras D. Bakunin espera dando golpes en la puerta les pongo esta música por la megafonía (la canción ya la conocen, es su interpretación lo que me fascina, por algo lo llaman SOUL…)

  5. Como no haya otro tiroriro voy a intentar batir los récords de comentarios en esta canción nº 111… Me cagüen el estúpido Balotelli…

  6. En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas con sus pantuflos de lo mismo, los días de entre semana se honraba con su vellori de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años, era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro; gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada o Quesada (que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben), aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llama Quijana; pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad…
    (Y hasta aquí puedo decir, me cagüen el McGuffin de “39 escalones”)

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