Para reir, para llorar, para gritar

En una revistucha de esas del corazón que se llamaba (o se llama) “Diez Minutos” existia una sección en la que con ese “Para reir, para llorar…” se comentaban fotografias diversas.

La que traigo a mi blog, creo que es encuadrable indistintamente en cualquiera de las mencionadas.

En la carretera de Zaragoza a Madrid, paramos en un bar y me encuentro en el cuarto de baño msculino tan bella leyenda: “Prohibido lavarse los pies”. Al respecto se me plantean dos preguntas:

1. ¿Que es lo que habrá tenido que soportar el seguramente honrado contribuyente y propietario del bar para acabar colocando tan singular cartel?

2. ¿Que portentosa agilidad se necesita para sin arriesgar la integridad fisica culminar tan comprometida tarea?.

Si hubiese puesto “se prohibe lavar los bajos” me hubiese sorprendido menos

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6 comentarios el “Para reir, para llorar, para gritar

  1. ¿Y tú qué me dices de los ruidos? Lo que voy a escribir aquí (en 4 capítulos, digamos) también puede ser para reir y para llorar…

    Crónicas de un desencantado del ser humano (Entrega 05)
    Los ruidos, capítulo 1

    Estoy hasta las narices de los ruidos y como cada cual hace lo que le viene en gana un día se me hincharon las pelotas. Una noche de verano, de esos veranos de infierno que te quitan hasta la respiración, una parejita se puso a cuestionar si se querían o todo era mentira bajo mi ventana. Eran las tres de la madrugada, a las seis me levanto para ir al trabajo (bueno, eso de trabajo deja algo que desear, pues siendo empleado público es complicado que la labor de uno se pueda denominar de esa guisa), y veía que los tortolitos no tenían prisa por ahuecar el ala. Llené una jarra con agua y la vacié desde lo alto en sus lindas cabezas. Hicieron las paces en otra esquina. Hice lo mismo otro día con unos niños que estuvieron dando por culo con petardos bajo mi ventana. Otra noche un borracho no paraba de dar voces y de llamar a alguien llamado Felipe. Uno de los vecinos le gritó desde la ventana: “¡Por qué no os váis a la mierda Felipe y tú, borracho!”, a lo que el otro le respondió con voz ronca: “¡Baja y házme una paja, hijoputa!”. Siguieron ambos con frases por el estilo durante varios minutos y aquello no parecía tener fin. Fui a la nevera, cogí un huevo y se lo estampé en su mugriento pelo con buena puntería. “¡Aaaah! ¡Aaay, hijoputa, me has abierto la cabeza, se me salen los sesos, aaaay!”. Y se fue corriendo calle arriba haciendo eses. Ni qué decir tiene que siendo de noche, estando como una cuba y con la clara pegajosa en el pelo y la yema oscura en sus dedos el pobre diablo creía en verdad que alguien le había partido la cabeza.

    DonJosé

  2. Crónicas de un desencantado del ser humano (Entrega 05)
    Los ruidos, capítulo 2

    Otra noche un niñato gilipollas, con camiseta negra sin mangas, acompañado de otro descerebrado como él y de tres niñas tontasdelculo, había estacionado su deportivo en un pequeño descampado enfrente de mi casa y al son de esa música infernal pum-pam-pum-pam que solo los tarados pueden aguantar, se puso a contonearse como si fuera el Travolta de «Saturday Night Fever». Y las niñatas daban palmas y se les debería de caer la baba, bueno, esto me lo supongo, pues se encontraban a unos treinta metros y mi vista nocturna no alcanza a tanto. Agarré el tirachinas y cogí la bolsa donde había almacenado una docena de piedrecitas, del tamaño de una nuez. La primera le dio en una pierna, pero no se inmutó el muy cabrón, no sé si por el éxtasis que sentía o tenía en su sangre. La segunda dio en la carrocería del coche haciendo un gran ruido. “¿Qué ha sido eso?”, exclamó una de las chicas. La tercera rompió el cristal de la ventanilla izquierda trasera. “¡Nos están disparando! ¡Nos están disparando!”, gritó uno de los tíos y a continuación se metieron como locos en el coche y huyeron a todo trapo no sin recibir una cuarta piedra en el techo.

    • Joder, eso del tirachinas me lo apunto…Yo tambien sufró algun borracho que otros los “saturday nigth fever” y la policia municipal cuando llamo está ocupada.

      – Si llama por un delito contra la vida y la integridad de las personas marque el 1.

      – Si llama por otro tipo de cuestiones, espere por favor…

      – Pi, pi, pi, pi, pi…..En estos momentos todos nuestros agentes estan ocupados,,,

  3. Crónicas de un desencantado del ser humano (Entrega 05)
    Los ruidos, capítulo 3

    Otra noche veraniega, otros dos niñatos en una moto no paraban de dar vueltas alrededor de la manzana, ¡como si estuvieran ellos solos en el mundo!, pero, ¿qué mierda tendrán en sus cerebros? Agarré el tirachinas y a la tercera intentona la piedra golpeó a uno de ellos porque soltó un taco. Desaparecieron como el humo. Hubo otra noche que dos parejas empezaron a dar el tostón con el pum-pam-pum-pam desde el coche de uno de ellos. Maldita era mi suerte pues no tenía «munición» para el tirachinas y estaban lejos como para intentarlo con huevos o cubos de agua. Terminé llamando a la pasma. Diez minutos después apareció un coche de la policía municipal y quizás demasiado amablemente les invitaron a largarse de allí. Pero se limitaron a quitar la música y eso pareció contentar a los polis. En cuanto éstos se fueron volvieron a poner el pum-pam-pum-pam aunque esta vez no tan fuerte pero sí lo bastante como para seguir jodiendo a mi fino oído. Aguanté media hora más y apagaron la música ratonera. Se iban a ir. Menos mal. Pero el coche no arrancaba. O se había jodido el motor o se había descargado la batería. Lo volvieron a intentar varias veces pero era inútil. Serían las cuatro de la madrugada de un sábado. Me dormí. A las seis y pico el dueño del coche permanecía sentado en su interior con la ventanilla bajada. “¡Eh, tú!” – le voceé desde la oscuridad – “¡jódete, gggilipppollas!” . Y se jodió hasta que vino algún mecánico de algún taller a eso de las ocho y media de la mañana. Qué a gusto me quedé. Y es que a veces la venganza llega por donde menos se espera.

    Atentamente,

    DonJosé

  4. Crónicas de un desencantado del ser humano (Entrega 05)
    Los ruidos, capítulo 4 y último.

    Un vecino tiene puesta en su coche una alarma contra robos que salta por cualquier nadería, un golpe de viento, un camión al pasar a su lado, un fuerte aguacero. Lo peor es que el vecino de los cojones (sigo sin saber quién es, posiblemente del bloque B) o es sordo o duerme como un marmoto, y, claro, en verano, con la ventana abierta, en una noche bochornosa y la alarma dando por saco no queda más que un remedio posible: el tirachinas haciendo añicos el cristal delantero de una pedrada. ¡Crackclanggg! El día siguiente lo ocuparía en arreglar el desperfecto.

    Pero hay dos verdaderos enemigos del descanso nocturno contra los que nada podemos hacer: el camión de la basura y las ambulancias. ¿Son inevitables los ruidos procedentes de unos camiones cuyos engranajes chirrían como si estuvieran cortando las puertas del calabozo con sierras mecánicas? ¿Son inevitables las voces y risas de algunos de los operarios que parece que piensan que el mundo está muerto y hay que reanimarlo? ¿Son inevitables esas sirenas demoníacas a las tres de la mañana cuando no circula nadie y que nos arroja de la cama con el corazón a punto de sufrir un paro cardíaco? Y ya, sigo y aprovecho ¿Tenían razón los que decían que Europa terminaba en los Pirineos? ¿Hay alguien con más de dos dedos de frente en los Ayuntamientos o son todos tan descerebrados como parecen?

    Atentamente

    DonJosé

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