Werther. Una novela, pero sobre todo una Ópera y un ária.

En muchas de las referencias sobre la obra literaria de Goethe que he leído hay coincidencia en considerar al “Fausto” su obra maestra. Debe ser así, pues al menos este Werther esta para mí muy lejos de esa consideración.

A la novela, narrada en forma aparentemente epistolar (y digo “aparentemente” porque, en muchas ocasiones, las presuntas cartas apenas representan un párrafo siendo mas bien reflexiones propias del protagonista sin aparente destinatario concreto) le pesa mucho el paso del tiempo y resulta fría y distante para el lector actual, cuya sensibilidad y forma de entender la relación amorosa tal está muy alejada de los excesos de la concepción romántica que trasciende en la novela.

Leída hoy, la sensación es estar ante una novela que linda peligrosamente con la cursilería y el drama folletinesco. Nos cuesta imaginar actualmente el impacto que tuvo la novela en su momento; desencadenó un efecto emulación en los lectores que no solo asumieron la forma de vestir de personaje (por cierto al respecto solo hay una pequeña indicación al final de la novela) sino que incluso llegaron a imitar su trágico final.

En la ultima parte del libro, Goethe introduce un extraño episodio cuento mitológico o heroico plagado de personajes a cual con el nombre mas estrafalario, episodio que aunque corto supone un improcedente “pegote” en la estructura general de la novela.

Eso si, al Werther le debemos al menos que haya servido de afortunada inspiración para la opera del mismo nombre de Jules Massenet, que contiene para mí una de las tres arias para tenor mas bellas que se hayan compuesto nunca: “Pourquoi me réveiller”.

Ha sido el maestro Kraus el que, en opinión prácticamente unánime, ha sabido encarnar mejor al torturado héroe romántico. Aunque el sonido no es bueno,  merece la pena ver al Maestro en una representación dirigida por el sensible G. Petre en una interpretación que parece detenida en el tiempo, de donde emerge su portentosa voz, con esos agudos seguros y larguísimos hasta la extenuación y un delicado acompañamiento orquestal (maravillosa la intervención del arpa)

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2 comentarios el “Werther. Una novela, pero sobre todo una Ópera y un ária.

  1. Crónicas de un desencantado del ser humano (Entrega 03)

    Sobre la Ópera poco puedo aportar, pues tan sólo presto atención a algunas arias sueltas, sin prestar atención al hilo conductor de la obra. Me pasa lo mismo con el Oratorio o la Cantata. Y me da igual el contenido sacro o pagano. Me gustan la Callas, la Baker, la Bartoli o la Netrebko. Me gustan el Pavarotti, el Plácido, el Bocelli o el Alagna. Desconozco si son los mejores. Sólo sé que me gustan.
    El aria cantada por Kraus no me vuelve loco. Pero ya te digo que sobre gustos: colores hay.

    ¿Quién nos defiende de la publicidad? Entendida como es: el arte del engaño (“Si bebes zumosol te harás tan alto y tan cachas como el primo del niño”); no como debería ser: divulgación de cualidades y ventajas de un producto (“Busque, compare y si encuentra algo mejor: cómprelo”, no recuerdo qué anunciaban). La verdad es que conmigo van de culo. Siempre que hay publicidad en una cadena de televisión o bien cambio de canal y no vuelvo a él o bien quito el sonido y miro de vez en cuando hasta que siga el programa que estuviere viendo. Y si todas se empeñan en colocar las cuñas publicitarias al mismo tiempo apago el televisor y me pongo a leer el libro que tengo a medias. Esto lo llevo haciendo desde hace más de veinte años. Por eso, cuando en el trabajo comentan algo sobre cierto anuncio, no sé de qué me hablan y creen que finjo. Si echan alguna película o programa que me pueda interesar nunca lo veo en directo. Lo grabo y ya lo veré despacio, pasando a toda velocidad los anuncios. A mí no me roban ni un minuto de mi tiempo, porque lo único real que uno posee es el tiempo libre, el tiempo de ocio, lo demás suele ser tiempo perdido. Tiempo perdido en los transportes, en el trabajo, en el sueño, en las insulsas charlas de personas insulsas, en las tareas domésticas, en las colas del supermercado, en la espera de las consultas médicas, en gestiones bancarias y de todo tipo.
    Por ello, tampoco pierdo tiempo con lecturas, músicas, películas, que no atraigan mi atención al momento.
    Pero de aquesto otrora será.

    DonJosé

  2. “La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien enciende la televisión, voy a la biblioteca y me leo un buen libro.”

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