La matraca de las peticiones y daciones de perdón.

Que “nestepais” (así se pronuncia al uso omitiendo la “e” inicial) no cabe un tonto mas es una evidencia insoslayable.

Desde hace años, se observa como ha hecho fortuna en la lastimosa casta política que sobrellevamos y, parece que el virus ha prendido en todos los ámbitos públicos de la mimética sociedad española, los requerimientos y daciones de perdón a troche y moche.

Este concepto, el del perdón, por otro lado tan caro a la religión católica (que basa su tinglado, entre otras cosas, en el concepto de culpa y en el monopolio en la administración del perdón por sus ministros en confesiones, extremas unciones y, en general, en toda la parafernalia sacramental) ha hecho fortuna en la secularizada y alelada sociedad española y como digo, principalmente, en la casta política que la ha elevado no solo a categoría política sino también como concepto del que se demandan plenos efectos jurídicos.

Y así vemos, como en el tradicional y ya aburrido proceso que sigue a las frecuentes treguas de la banda terrorista ETA, los políticos, sean del color que sea -que la idiocia aquí no conoce banderas políticas- dudan de la veracidad del alto el fuego, pues los terroristas “ni han entregado las armas ni han pedido perdón a las victimas”. Así, el lamentable político español situá ambos conceptos (un tertuliano habitual diría que “obscenamente”) en el mismo plano de trascendencia. Yo pienso que las peticiones de “perdón a las victimas” será una cuestión de orden moral que en ese ámbito moral – el estrictamente privado del verdugo con su victima- deberá en su caso ventilarse, pero ¿quién es el Estado o la ley para dar relevancia penal/político a un acto esencialmente moral y privado?

El Código Penal sí contempla (o contemplaba, no se como quedo después de que lo tocara el marido de M.Cruz Soriano) la figura del “arrepentimiento espontáneo”, categoría jurídica que se manifestaba cuando, con ocasión del delito el delincuente emprendía acciones eficaces para abortar o minimizar los daños producidos por su acción, o en el ámbito de la delincuencia organizada, en actuaciones precisas para colaborar con la policía en la detención de otros responsables, localización de arsenal, etc…Y esta manifestación de “arrepentimiento” sí es natural y sensata que se la dote de efectos jurídicos, generalmente en forma de reducción de pena o atenuación de la responsabilidad criminal, pero “el perdón a las victimas”, ¿ en virtud de qué se arroga el Estado la capacidad de representar a las victimas en un acto esencialmente personalísimo y no transferible a terceros? ¿les han pedido las victimas que hagan esa apelación al perdón?, y sobre todo ¿cuál es el generoso premio que va a dar el Estado a este reconocimiento de culpa?

El arrepentimiento de un etarra debería tener dos efectos; uno de carácter público penales cuando el arrepentimiento se concreta en las acciones indicadas (colaboración en detención de otros criminales, etc..) y otra carente de relevancia penal que habrá de sustanciarse con las victimas concretas de su delito, y… si profesa la religión católica ante un sacerdote en su caso.

Pero la memez de la moda del encumbramiento del perdón como categoría política-jurídica no solo ha arraigado en el ámbito de los apaños y negociaciones con los terroristas. Hace un tiempo detuvieron a un “angelito” en Barcelona que acumulaba a sus espaldas un generoso historial de violaciones (creo que eran del orden de 25). A la salida de una de sus primeras comparecencias en el juzgado, la periodista con una sonrisa beatifica y trémula de satisfacción explicaba como el acusado “había pedido perdón a sus victimas”, manifestación que por supuesto la bisoña reportera consideraba no solo una primicia informativa sino un hecho que debía confortar y dejar tranquilo a todo padre de familia que sin duda con esa muestra de arrepentimiento ya podía irse tranquilo a la cama.

Esta tontuna moda del perdón, tiene además unas características peculiares pues para su requerimiento y otorgamiento no tiene relevancia que el otorgador de tal perdón no tenga nada que ver con la acción sobre la que se demanda (así, tenemos que el Papa del S.XXI asuma de forma natural pedir perdón por lo que hizo su predecesor en el cargo quemando a algún infiel hace cuatro siglos o un soliviantado líder indígena requiere disculpas con 700 años de retraso sobre el horario previsto por las seguras tropelías cometidas por los Españoles en el correspondiente proceso de conquista…). ¿Veremos a ZP requiriendo disculpas a Berlusconi por la dominación de las tropas romanas a lo que fue germen de la nación española? ¿Y a Sarko, cuando le vamos a requerir que pida perdón por las tropelías de las tropas de invasión napoleónica? y lo que es mas importante cómo actual Presidente de la Comunidad de Propietarios ¿deberé pedir perdón por la improbable mala gestión de los que me precedieron en el cargo?

Otra característica verdaderamente singular es que el perdón se demanda sin importar la atrocidad de las acciones sobre las que se solicita. Yo creo que hay un umbral ético, superado el cual lo que debe exigirse no es el perdón sino la aplicación rotunda del Código Penal. Es más, esas peticiones de perdón gratuitas que se dan con la misma despreocupada naturalidad que con sin duda el delincuente cometió su delito, deberían ser punibles por lo que entrañan de mofa de las victimas. No es muy infrecuente que el violador/asesino/pederasta entone el “mea culpa” en la primera visita a la comisaría con la misma cachaza con la que el día antes cometió su delito. No creo que en el juicio de Nuremberg alguien demandara, exigiera a los acusados que pidieran perdón a sus victimas, ¿y por qué? Pues porque al menos entonces se asumía que el perdón no podía exigirse ni concederse ante acciones suficientemente ominosas. El perdón es esencialmente un reconocimiento de culpa que busca lavar las malas acciones de menor cuantiá (o las de mayor cuantiá ante el sacerdote si uno es creyente). Se pide perdón en el autobús si pisas a una vieja pero si la petición de perdón viene de un tipo al estilo de Jack el destripador, el perdón debería irrelevante (salvo para el sacerdote al que acuda).

En resumen, tenemos el perdón metido de hoz y coz en el debate político. Es verdaderamente molesto ver la cantidad de ocasiones en que los alocados políticos españoles expelen barbaridades que al día siguiente quedan lavadas por que el necio de turno ha pedido disculpas: el perdón es el bálsamo que todo lo lava y cura.

La próxima columna la dedicaremos a otra necedad que ha hecho singular fortuna; la petición de condena expresa a los batasunos para que den carta de legalidad a su nuevo partido político.

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2 comentarios el “La matraca de las peticiones y daciones de perdón.

  1. Crónicas de un desencantado del ser humano (Entrega 02)

    ¡Ah, el perdón! ¡Menuda excusa para la mentira y la mala conciencia!

    Perdono el arrebato, el error , la creencia, el despiste, la pasión, el éxtasis, el disgusto, la desilusión, como posibles fuentes de una decisión equivocada tras la cual se termina suplicando indulgencia.

    No tienen mi perdón ni el pederasta, ni el violador, ni el maltratador de mujeres. Ni el político corrupto, ni quienes le sustentan. Ni las organizaciones vinculadas al tráfico de drogas o de armas. Ni el criminal que se escuda con supuestos ideales o con verdades reveladas por dioses o profetas. Ni los que se esconden en nacionalismos o doctrinas decimonónicas.

    Tengo unos vecinos debajo que no me dejan dormir porque ellos tienen que hablar a voces y contarse chistes (con las consiguientes carcajadas) a altas horas de la noche. No sé si trabajan (omito su nacionalidad para evitar caer en lo políticamente incorrecto). He bajado a su piso en tres ocasiones. He intentado razonar con ellos. Su comportamiento mejoraba durante cinco o seis días, pasados éstos vuelta a empezar. Respeto el horario nocturno pero desde hace una semana, en las horas que estoy en casa, los machaco con música atronadora y televisor a tope. Y los fines de semana a eso de las 9 horas matutinas enciendo la Radio, la sintonizo entre dos emisoras para producir los sonidos más desquiciantes posibles, la coloco en el suelo de mi dormitorio, cierro la puerta y me voy.

    Y es que tampoco perdono la mala educación, la ausencia de respeto al prójimo, el libre albedrío. Como si todo el mundo tuviera sólo derechos.

    atentamente
    DonJosé

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